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OLYMPIQUE DE LYON 1 REAL MADRID 1
Destino es el poder sobrenatural que, según se cree, guía las vidas de cualquier ser de forma necesaria y a menudo es fatal, es decir, inevitable o ineludible. Se presentaba el Madrid en tierras francesas con la palabra "destino" gravado a fuego sobre su pecho. Un destino que le había llevado a perder siempre en el Estadio de Gerland y que esta noche pudo esquivar, eludir, gracias a la vuelta del hijo prodigo a Lyon. Benzema, aclamado por los franceses como uno de los suyos; vanagloriado por los madridistas, como uno de los nuestros.
Los primeros compases del partido dejaron volar los antiguos fantasmas del pasado. El Madrid no conseguía llegar al área francesa. Los medios galos desactivaban cualquier conexión entre Xabi Alonso y los puntas blancos. Por su parte, el Lyon era como subirse al tren de la bruja. Con una careta y una simple escoba, era capaz de infundir un miedo terrible en las filas madridistas.
En esta primera parte, solo una falta de Ronaldo incomodó la portería defendida por Lloris. Minutos después, llegó la mejor ocasión de los franceses para marcar y la mejor ocasión de los españoles para santiguarse. Un rechace de Iker, le cayó a Gomis con toda la portería para él. El disparo del galo no contaba con la presentación ante el gran público del codo de Casillas. La receta para dicha parada ya tiene nombre, el Codillo de Dios.
El segundo tiempo fue otra historia. Mourinho quizá recordó a sus hombres que los fantasmas solo existen cuando cierras los ojos y te escondes entre las sabanas. Y el equipo se despertó, vaya si lo hizo. En cinco minutos, el Madrid había estrellado dos balones a la madera; yo, dos vasos contra el suelo. Poco más tarde, una falta lanzada por Ronaldo es despejada con la mano, dentro del área, por Gourcuff. Claro penalti que el árbitro no pitó. Sus CUATRO asistentes, tampoco. Ahora entiendo por qué los llaman asistentes, asienten a todo.
Un desacertado Adebayor cedió el testigo a Benzema. Karim tardó treinta segundos en combinar con Özil y CR7 para atravesar la linea enemiga francesa y pasar el balón entre las piernas de Lloris. En casa del herrero, cuchillo de palo. Hasta Florentino cantó el Gol, inaudito, 0-1 min. 64. Con la llegada de Adebayor el Madrid no fichó un nueve, fichó dos: Adebayor y Benzema.
En esta fase del encuentro, el Madrid pudo matar la eliminatoria. Pero al final, el partido casi acaba con él. Cuando todo parecía controlado, apareció el niño del sexto sentido. Un rebote proveniente de una falta, permitió a Gomis batir a Casillas, 1-1. Al final, el Madrid se encomendó a la virgen de los desamparados para llevarse un empate agridulce.
Extraña la sensación que se nos quedó tras el partido. El Madrid fue como los croissant de chocolate. Justito en los extremos, principio y final del partido; y notable en el medio, dónde tuvo toda la sustancia. Pero el empate en la Galia es una buen motivo para afrontar la vuelta en el Bernabéu con optimismo. El Madrid está ante una gran oportunidad de despertar, de una vez por todas, y dejar atrás tan terribles sueños. Porque caer seis años seguidos en octavos de Champions no es una maldición, es una pesadilla.