foto la gaceta
ATHLETIC DE BILBAO 0 REAL MADRID 3
Pensando el león como capturar un toro muy corpulento, decidió utilizar la astucia. Le dijo al toro que había sacrificado un carnero y que lo invitaba a compartirlo. Su plan era atacarlo cuando se hubiera echado junto a la mesa. Llegó al sitio el toro, pero viendo sólo grandes fuentes y asadores, y ni asomo del carnero, se largó sin decir una palabra. Le reclamó el león que por qué se marchaba así, pues nada le había hecho. -- Sí que hay motivo -- respondió el toro --, pues todos los preparativos que has hecho no son para el cuerpo de un carnero, sino para el de un toro.
El Madrid se presentó en Bilbao, la Catedral del fútbol, y contempló lo que allí se estaba cociendo. El ambiente presagiaba la capitulación final liguera a manos de los leones bilbaínos. Pero Mou apostó por colocar en el disco la cara B del Madrid. El cambio de música desconcertó tanto al León que terminó por convertirse en presa.
Hasta siete titulares no fueron de la partida en el encuentro contra el Athletic de Bilbao. Las novedades más destacadas fueron la vuelta a la titularidad de Higuaín y la entrada de Kaká y Garay. Si a esto le añadimos la presencia de Pepe en el centro del campo, se entenderá el tremendo lío que Mourinho hizo a Caparrós. Pronto se vio que este Madrid estaba diseñado para el contraataque. Di María, protagonista de un partido excelente, se encargó de forzar a los trece minutos el penalti que Kaká transformó en el 0-1. Si la primera parte terminó con este marcador, fue debido a la caridad que, Higuían y Di María, demostraron ante la portería de Irazoz. La ocasión más clara vino tras el doble fallo "religioso" que protagonizaron San José y Di María, extraña pareja.
Tras la pausa, volvió la tempestad. Otra diablura en el área de Di María, segundo penalti claro. Kaká transformaba su segundo gol y cicatrizaba un poco más sus heridas. Ronaldo, que había sustituido a un entregado Higuaín, se encargó de redondear el marcador. El portugués culminó un gran contraataque madridista en una mezcla exquisita de 50% regate 50% tiro. La defensa blanca anuló por completo a Llorente, el cual solo inquietó a Casillas a la hora de ver con claridad el resto del encuentro.
El Barça también hizo sus deberes, copiando, pero los hizo. El penalti que supuso el gol del empate culé, simplemente no existió. Perdón, existió ya que el guión lo recogía. Ahora el Madrid agotará su última carta en el Bernabéu. Esperemos que esta vez sí, aparezca el Joker...