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Cuenta la leyenda que Damokles era cortesano de Dionisio I, El Viejo (siglo IV, AC), tirano de Siracusa, a quien envidiaba por su vida aparentemente afortunada y cómoda. El rey, con el propósito de escarmentarlo, decidió que Damokles lo sustituyera durante un festín, pero para ello dispuso que sobre su cabeza pendiera una afilada espada desnuda suspendida de una crin de caballo. De esta manera, Damokles pudo comprender lo efímero e inestable de la prosperidad y del lujoso modo de vivir del monarca. La frase la espada de Damokles se utiliza desde hace mucho tiempo, para expresar la presencia de un peligro inminente o de una amenaza.

El Real Madrid es como Dionisio I, el Rey al que todos temen y envidian; pero como tal, sujeto a las críticas más feroces. Su reinado siempre se ve envuelto en fuertes disputas en las que nunca faltan rivales para asaltar el trono. El Madrid siempre convivirá con esta amenaza histórica, su espada de Damokles dispuesta a cortarle la cabeza.

25 may. 2014

X-MEN


foto El país

REAL MADRID 4   ATLÉTICO DE MADRID 1


Cerca de una aldea dos niños patinaban sin preocupación sobre una laguna congelada. De repente el hielo se rompió, y uno de ellos cayó al agua. El otro agarro una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas, hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo. Cuando llegaron los aldeanos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: “¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, es imposible que haya podido quebrarlo con esa piedra y sus manos tan pequeñas...” En ese instante apareció un abuelo y, con una sonrisa, dijo: 
—Yo sé cómo lo hizo. 
—¿Cómo? —le preguntaron. 
—No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.


Noventa y tres minutos picando al hielo, noventa y tres minuto de agonía. Todo un mundo de sufrimiento para salvarse del abismo mediante un cabezazo mágico. Lo de Ramos no fue un gol, fue una salvación. Con él se inició la locura que llevó al Madrid a un estado de frenesí del que no se bajó y del que dificilmente se bajará.

Pero ordenemos los hechos cronológicamente. El partido se presentaba como la lucha entre la historia y el presente. Se median los dos mejores equipos del año. Llegaban a la cita marcados por las dudas y a los cuales se les veían las cicatrices de las duras luchas sufridas en el camino. Una de ellas era Diego Costa que estuvo 8 minutos en el campo, el tiempo que duró su efecto placenta.

Los nervios parecían apoderarse de la final y fueron atenazando a los dos equipos. Pero una salida a destiempo de Casillas permitió a Godin hacer soñar al Atlético. El Madrid que no se había sentido agusto en ningún momento pasaba de tener la décima de Europa a tener décimas, pero de fiebre. El fin de la primera parte seria el principio de la recuperación.

Con el descanso el Madrid presentó mejor cara, pero no fue hasta la doble entrada de Marcelo e Isco que el equipo cambio el paso. Quedaba media hora de asedio total, donde un Madrid con pinturas de guerra fue anunciando lo que estaba por venir.

El Atlético, echado atrás, aguantaba estoicamente todos los misiles tierra y aire que le llegaban a su área. Parecía imposible. Los jugadores de Simeone tocaban  su primera Copa de Europa, el partido tocaba su fin. Todo se desmoronaba. El águila del Benfica se había transformado en un buitre que sobrevolaba las cabezas blancas. Las necrológicas de los periódicos preparadas, hasta que llego él. Ese minuto mágico, ese minuto eterno. Ese momento en el que el mundo se paró. Corner que centró Modric y corner que rematamos todos. Se tenía que escoger a alguien entre millones de madridistas y se lo dieron a Ramos. Buena decisión.

Tolomeo decía que la tierra era el centro del universo. Tolomeo mentía. El centro del Universo fue el centro de Modric. El gol de Ramos llevó a la prorroga el partido y a la horca al Atlético. En esos 30 minutos extras no había tiempo para diseñar argumento alguno, todo estaba escrito. Diez minutos tardó Bale en amortizar los otros 50 millones de su fichaje. Los primeros 50 lo hizo en la Copa. De esta manera el Atlético obtenía su certificado de defunción. Marcelo y Ronaldo solo le sacaron algo más de brillo.

Quizás fue exagerado el resultado, pero es que la Décima no podía ser una Copa más. Tenía que ser la más sufrida, la más tensa, la más esperada, la más épica. En definitiva, la más bella. Fue la Copa de la fe ciega. El Madrid creyó hasta el último momento. Su gen competidor le impidió rendirse en el momento en el que otros suplican una muerte digna. 

Europa esta de enhorabuena, ha recuperado a su Rey. Tras varios años de destierro el Madrid vuelve a gobernar el viejo continente. Y lo hizo en Portugal, tierra de grandes conquistadores y en el estadio Da Luz, una luz que alumbrará un camino que se presenta maravilloso. Esta noche el Madrid añadió una página más al libro dorado de sus hazañas. Quizás algún dia olviden el cumpleaños de su mujer, el santo de su hijo o el nombre de su suegra. Pero jamás olvidarán esta noche. Hala Madrid!!